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Quisiéramos ver a Jesús

Leer: Juan 12:20-26 | La Biblia en un año: Salmo 116–118 1 Corintios 7:1-19 Estos, pues, se acercaron a Felipe […] y le rogaron, diciendo: Señor, quisiéramos ver a Jesús (v. 21).

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Cuando miré sobre el púlpito desde donde oraba en un funeral, vi una plaqueta de bronce con palabras de Juan 12:21: «Señor, quisiéramos ver a Jesús». Pensé en cuán apropiado era considerar cómo veíamos a Jesús en la mujer que estábamos recordando con lágrimas y sonrisas. Aunque ella había enfrentado obstáculos y desengaños, nunca abandonó su fe en Cristo. Como el Espíritu de Dios vivía en ella, habíamos podido ver a Jesús.

El Evangelio de Juan relata que, cuando Jesús entró en Jerusalén (ver Juan 12:12-16), unos griegos se acercaron a Felipe, uno de los discípulos, y le dijeron: «Señor, quisiéramos ver a Jesús». Tal vez sentían curiosidad por las sanidades y los milagros, pero, como no eran judíos, no podían entrar en el templo. Cuando le informaron a Jesús, Él anunció que había llegado la hora de ser glorificado (v. 23); es decir, que moriría por los pecados del mundo. Cumpliría su misión de alcanzar, no solo a los judíos, sino también a los gentiles (los «griegos» del v. 20), y que ahora estos verían a Jesús.

Después de morir, Jesús envió el Espíritu Santo a morar en los que creen en Él (14:16-17). Así que, cuando amamos y servimos al Señor, lo vemos activo en nuestras vidas. ¡Y lo asombroso es que quienes nos rodean, pueden verlo también!

Señor, ayúdame a reflejarte hoy en mi vida.